martes 3 de noviembre de 2009

-Noticias de última hora- (brb)

Hey chavos, este es un mensaje que quiero dejar. En primera, agradezco a todos los lectores el tiempo que desperdician en mi blog (¿neta no tienen nada que hacer? ) y en segunda, agradecer el recibimiento que hubo con el libro de Malviajes. No ha sido mucho, pero ya ha llegado a varios países alrededor del mundo y es interesante saberse parte de la web. En fin, he llegado a la entrada número 100 (o casi) en este blog así que, como la vez pasada, es tiempo de tomarse un break. Pero es para algo bueno, o al menos eso espero. Me adentraré dentro de las fauces de una novela (osea que voy a trata de escribir una). No es la primera vez que lo intento, tampoco la última, pero bueno, sólo quería avisar que ya no estaré escribiendo tan frecuentemente. Si no logro terminar la novela en diciembre, regresaré a lo habitual. Eso lo sabrán después, y hasta entonces, adiós.

jueves 22 de octubre de 2009

¡Aleluya!

Tú llegaste con todas las ganas de amarme para siempre y cuando te vi y vi tus intenciones no me quedó de otra que pensar ¡aleluya! ¡Es otoño y aún tenemos las ganas de amar! Pero Dios bendito que no es tan bendito cuando lo dices en sarcasmo pero Dios bendito yo sólo tenía 500 pesos y te lo dije, te dije nena, en mis pantalones sólo hay quinientos pesos y ya pensaba en voltearme y en agradecerte por querer amarme y por tener las fuerzas y el amor para llevarlo a cabo pero en eso me dijiste eso es lo de menos y yo me dije de nuevo ¡aleluya! Me subiste a un taxi y la lluvia empezó a golpetear encima de nuestro techo, nuestro techo compartido en donde nos agarrábamos las manos por primera vez y el taxista volteaba a vernos diciendo espero que no se fajen y que ella esté en sus días porque siempre me pasa siempre siempre me pasa y termino limpiando la sangre oxidada de no sé que chamaca cogelona. PERO NOSOTROS NO, nosotros eramos gente de dignidad (al menos hasta ese momento) en el que todavía nos estábamos viendo fijamente para tratar de platicarnos con los ojos la vida entera y las cuatro ventanas a nuestro alrededor se empezaron a empañar mientras nuestras miradas sostenidas nos hacían cosquillas por dentro y nuestro ser temblaba de miedo, por miedo a amar. Y el mundo era invisible y nosotros le éramos invisible al mundo junto con nuestro taxista que no cantaba pero bien que movía los labios a la par de Joan Sebastian cuando escuchaba la radio en ese día tan lluvioso. ¡Aleluya! ¡Aleluya entre las nubes grises y los taxis viejos! Entonces el ambiente era bastante bohemio y nuestro momento a solas parecía ser nuestro momento los treinta segundos que el mundo entero había dedicado para nosotros pero querías ser enigmática y actuar como una femme fatale sacando tus cigarrillos larguiruchos y mentolados enfrente de mí y empezando a fumar dándole vueltas al humo en tu boca y después desapareciéndolo por completo. Y yo te veía sacar ese cigarro mientras quitabas tu mano que estaba debajo de la mía y buscabas el encendedor. Entonces le dijiste al taxista que diera vuelta a la izquierda y que al fondo a la derecha podía dejarnos y que ahí estaría bien. Tu casa eran dos casas pero pequeñas y de cada lado del terreno con un pequeño perro en medio que llegó a saludarte y a olerme a mi también. Y cuando me dijiste entra a mi casa te mueres de frío y yo estaba ahí adentro calentándome junto con tus muebles y tus cosas y tu perro y tú ahí conmigo yo me acordé de la última vez que eso me había pasado que había sido nunca y me dio mucha tristeza por un lado pero por otro dije ¡aleluya! ¡Yo estoy aquí! ¡Tú estás aquí! Estamos y somos porque estamos juntos en este presente y nuestro presente es todo lo que hay. Y como eres una mujer con clase y bien vestida y bien alimentada me ofreciste un té y un café pero yo no quería nada más que estar ahí y que me ofrecieran algo de beber me hacía sentirme humilde y humillado como perro de puesto de tacos. Te sentaste enfrente de mí y me dijiste oye, si pienso amarte, pero que conste que es sólo hoy, hoy y nada más nos podemos amar, y si te preguntas es porque yo si tengo novio. Y no es mi novio nadamás, nos vamos a casar, pero te vi a ti y me dieron ganas de amarte, pero sólo será por un día y espero que te quede claro. Yo pensé que si esto no era una broma esto podría ser la mujer más hermosa e inteligente que pueda haber conocido porque no me trato como un estúpido tratando de mentirme. Ella me dijo que hoy me amaba y que mañana nomás no. Lo que me dio mucho orgullo porque me hizo sentir que era una persona que se merecía que le dijeran la verdad y eso me hizo sentir importante y dije ¡Aleluya Dios mio! ¡Aleluya por mí porque me siento vivo y cada vez más vivo y aún no soy nadie en el mundo pero soy lo suficiente para que no me mientan! Y de nuevo aleluya y esta vez cerré con un amén. Entonces bebimos y conversamos por una media hora en lo que nos acercábamos gradualmente y la gravedad del sofá hacía que cada vez nuestros cuerpos gravitaran más cerca y poco a poco nos fuimos encimando primero una mano y después una pierna y después éramos un mounstro de brazos y piernas por todos lados y era muy divertido porque estábamos encajados entre extremidades y dedos por todos lados acariciando y sobando y tratando de meterse los dedos por debajo de la ropa. Y entonces me dije ¡aleluya a la ropa suave y de marca porque conocen a su clientela y hacen que sea fácil y divertido y sensual el juego de desvestirnos los unos a los otros como si fuéramos parte de sus comerciales en la tele y estuviéramos luciendo unos jeans en temporada otoño-invierno. Y por si fuera poco, también dije aleluya por eso y porque me siento modelo desvistiéndome tan rico. Tú me gritaste y me gritaste de nuevo y me jurabas que me amabas y yo te juraba a ti que te amaba y nos abrazábamos fuertemente y callamos todos los sonidos y los pujidos y los gemidos en nuestros hombros mientras mordíamos y dejábamos una marca de dientes entre los lunares de mi cuello y las pecas de tu pecho. Y todo fue como un canto de ángeles alzándose al cielo levantándose entre muchos con trompetas y cornetas mandando nuestras almas al cielo y sentándonos entre las barbas del señor nuestro salvador y nosotros al vernos y al verlos y todos al vernos dijimos al mismo tiempo ¡aleluya! Felices y contentos de estar eyaculando los dos simultáneamente al mismo tiempo o como dirían en España, a la par. Y entonces me pediste que te amara y que nunca te olvidara y que te dijera que eras lo mejor que me había pasado y que te volviera a amar una y otra vez por un día por un solo y muy corto día y yo lo hice. Y lo hice con una fuerza descomunal, con una pasión que nunca había sentido ni presentido que se encontraba entre mi pecho y mi espalda esa fuerza por querer ser parte de ti por querer morir o matar por ti y lo volví a hacer entregándome profundamente dando cosas que sabría nunca volverían y que nunca se las podrías ofrecer de nuevo a alguien más. Y entonces lo hice, lo hice y lo volví a hacer como si no hubiese mañana, como si el presente y nosotros y lo que nosotros somos en el presente fuera lo único que existiera y que después de este día no habría otro día de nuevo. Lo hice como si no hubiera mañana, pero oh vaya cruel destino,el despertador me acaba de anunciar que sí lo hubo.

viernes 16 de octubre de 2009

¿Qué se siente ser fresa?

Le pregunté a mi amigo
¿qué se siente ser fresa eh?
Como está eso de no cuestionarse
de seguir la corriente buena onda
de preocuparte, por los famosos
y los músicos de moda.
Tener dinero
Vivir, como viven en la tele.
Soñar con cogerse modelos y desayunar
los domingos en familia.
¿Qué se siente ir al antro todos los fines de semana eh?
Tomarse fotos que después se masturbarán con comentarios
a través del Facebook.
¿Cómo te sientes de comprar tus pulseras livestrong
y de tener 7 polos Lacoste de diferentes colores para cada día
de la semana?
¿Me explicas?
Por favor, ¿me podrías contar?
Y él me dijo
súbiendose el pantalón a la cadera
pasando sus dedos a través de su cabello brillante
y flexionando las patillas de sus lentes oscuros hacia dentro de su camisa.
Él me dijo,
tocando mi hombro y viéndome con una sonrisa a los ojos
De verdad que esto es tan, pero tan cómodo y dándose la vuelta
No sabes lo que te pierdes.
En la noche no pude dormir pensando en que mi amigo estaba mal
estaba en lo incorrecto y yo estaba bien
tratando de dormir con esos cuestionamientos
a pesar de la incomodidad.

miércoles 14 de octubre de 2009

Estimada.

Si ya sé, estos fueron tus dos primeros pensamientos cuando recibiste esta carta: ¿Por qué me llega una carta con remitente del reclusorio? Y ¿Qué hace mi apellido ahí encima, tan sospechoso de cargo? Para poder responderte estas preguntas primero te tengo que contar algo que pasó hace algunas semanas. Hay algunas cosas que no sabes de mí, o que más bien no había tenido oportunidad de decirte. La cosa es que a veces vendo marihuana para tener algo de dinero extra. No te preocupes, no soy narco pues a esas transacciones apenas les saco doscientos pesos a lo máximo de remuneración. Lo hago más por el paro a mis amigos que no tienen con quién comprar y acuden a mí como si fuera su pequeño salvador. En fin, lo que pasa es que conozco a un dealer el cual me vende medio kilo para que yo lo revenda después entre mis camaradas. Ese día era miércoles y a veces no tengo clase esos días porque mi maestro es un pelmazo que le da flojera levantarse temprano y nos deja plantados ahí a las 8 de la mañana muertos de frío hasta que se nos avisa que el wey no va a asistir de nuevo por segunda vez en el mes. Decidí aprovechar para irme a encontrar con mi dealer entonces y sacar dinero para comprarme un libro el fin de semana.

Mi dealer es una sombra. Un tótem del cual sólo obtengo marihuana y nada más. Nunca un saludo, nunca una despedida, sólo un leve rozón de manos cuando intercambiamos dinero por mercancía. Hasta el día de hoy nunca lo he visto a los ojos y a veces dudo que si quiera los tenga. Total que vine al departamento y descubrí que esta vez me había dado más, casi tres cuartos de kilo, lo cual me llenó de orgullo y apremio como cuando uno va a las rebajas en los centros comerciales y siente que se acaba de chingar a la tienda de ropa aprovechándose de tan buenos descuentos. Le empecé a marcar a mis amigos y al momento arribaron tres de ellos para recoger su parte y pagarme el dinero. Yo ya empezaba a cavilar sobre qué libro me iba a comprar. ¿Iba a ser una novela o un ensayo? ¿De quién? Pensé que a la mierda, mejor compraba ambos y me preocupaba por el dinero después. Uno de Schopenhauer y uno de Cioran, eso me iba a mantener entretenido por el fin de semana. En fin, ¿en qué estaba? Ah si. Llegó la noche y empecé a escuchar mucho ruido encima de mi cabeza. Muebles que eran arrastrados, lámparas y platos que se rompían, tú sabrás. Nunca has venido a visitarme a mi departamento así que te explico un poco. Yo vivo en el departamento número siete de un pequeño edificio con veintiún departamentos (en realidad son veinte los departamentos, pero el dueño salió supersticioso y no quiso poner un departamento con el número trece), Dentro de mi cuarto hay un balcón con un delgado barandal que tiene una espantosa vista a los tacos de enfrente. Lo único que puedo ver desde ahí son los carros encerrados que están alrededor de los departamentos y algunas casas sin gusto ni estilo de la calle que está cruzando. Como el movimiento de los vecinos que estaban encima de mí hacia temblar el edificio decidí salirme a leer un rato. Estaba leyendo la novela de Fadanelli titulada Lodo. Siempre he leído que es su mejor obra y al leerla me daba cuenta de por qué lo decían. Era la única obra que tenía en realidad, todo lo demás era parafernalia de palabras. En fin, no me quiero poner muy culto con estas cuestiones, yo sé que a ti ni se te pasa por la cabeza leer libros pero ya sabes que a mi me encanta.
Los libros buenos son como agua fresca un segundo antes de morir de sed, son estos libros los que levantan personas. Un buen libro te puede hacer volver a creer en la vida como un medio decente de subsistir y te puede hacer revalorar lo que antes pensabas mediocre. Si yo fuera un superhéroe (que no lo soy, pero la hipótesis es necesaria para esta metáfora) los libros buenos serían la fuente de mis fuerzas. Sería como Birdman, que al acercarse al sol sostiene puños de acero al final de sus brazos. O al igual que Popeye con la espinaca, sólo que lo mío sería la tragadera de letras. Los libros buenos pueden hacer maravillas en el ánimo de uno y simplemente revitalizan de manera edificante. Un solo buen libro puede edificar y justificar a la humanidad por suficiente tiempo como para esperar a que otro buen libro se publique. Claro todo esto es con buenos libros, pero algo tan glorioso también tiene su lado oscuro. Los libros malos son pantano que nos retrasan, nos entretienen, nos capturan y nos quieren matar. Los malos libros son la criptonita. Un mal libro te puede hacer desistir de toda literatura y volverte torpe en la vida o tibio en los sentimientos. La derrota que se siente al haber leído un libro malo es tal que se debería de quemar al escritor junto con su obra porque sino puede tener el mismo efecto que el de un Iraquí kamikaze. Los libros malos matan un poco y los libros buenos reviven como ninguna medicina. Por eso la literatura debería de ser considerada un deporte de riesgo, justo como las toreadas o el boxeo.
Dios, ya me desvié de tema otra vez. ¿En qué estaba carajo? Ah si. Me salió peor el chistesito de salirme al balcón porque adentro sólo tenía el molesto zumbar de mis bienes cada que los vecinos azotaban algo pero afuera podía escuchar sus discusiones con toda claridad. Se decían cosas como y siempre el pendejo termino siendo yo o ¡Hazme el chingado favor de devolverme el teléfono! ¡Le voy a marcar a mi madre! Si algo me saca de desconcierta cuando estoy leyendo son las pláticas ajenas. No me dejan concentrar. Por eso Dios bendiga al que se le ocurrió inventar a los audífonos, el mejor instrumento para disfrutar del arte de la música y hacer callar a la chingada al resto de la humanidad. Lo triste es que no tenía audífonos por entonces y tuve que regresar, ya casi cuando estaba oscureciendo a la comodidad de mí cuarto.
Mi cuarto es una cueva sabes, es un refugio de ermitaño con el cual estoy bastante acostumbrado. Paso más tiempo en mi cuarto que en cualquier otro lugar y ahí planteo gran parte de mi vida. Además de que soy un fumador de marihuana solitario, y me dio mucho gusto que la noche empezara a caer porque marcaba la hora para empezar a fumar a mis anchas mientras prendía la televisión.
Entonces esto fue lo que pasó. Terminé de leer con esfuerzos un capítulo, puse mi separador, me levanté de la silla en el balcón y entré al cuarto. En el cuarto tomé mi bong y decidí rellenarlo y ponerle agua fría de la jarra para que el humo no pasara tan caliente hasta mi garganta. Tomé el cenicero y deseché la marihuana envejecida y grisácea del bong cambiándola por una más fresca y con un verduzco oscuro. Hasta ese momento no había probado la mercancía que compré de mi dealer, pero apenas me acordaba que cuando me estaba bajando de su automóvil me dijo Lo que sea de cada quien, pero esa es la mejor marihuana que he tenido en mucho tiempo. Pensé que era una táctica de venta (y una muy innecesaria, porque yo amo a mi dealer y lo alabo como si fuera un santo). Por fin cuando ya me disponía a gastar otra noche más acostado y riéndome de capítulos repetidos de Los Simpson fue cuando los gritos de mis vecinos empezaron a subir de tono y poco a poco se acercaban a mi oído chillando dentro de él. Al escuchar eso volteé a ver a mi ventana y justo en ese momento mi vecino decidió tirar a su esposa por encima del barandal. Sí, así como lo acabas de leer, cuando giré mi cuello hacia la ventana que da al balcón pasó mi vecina gritando, con la cabeza apuntando al concreto. Por una fracción de segundo nuestras miradas se cruzaron, yo con mi bong en la mano y ella gritando todo el aire que tenía en los pulmones. Tenía, porque se murió. Se escuchó un sonido hueco cuando pegó contra el coche pero la alarma reaccionó rápidamente. Su sonido no era necesario, todos sabíamos lo que acababa de pasar. Por puro morbo me fui corriendo al balcón a ver su cuerpo y cuando volteé hacia arriba allí estaba mi vecino observándola también. Los de los tacos de enfrente se quedaron con la boca abierta y se escuchó a lo lejos un ¡Madres!
¡Fue él!, ¡el que tiene el florero! Gritó el güero que estaba destazando la lengua de un buey en su madero. A partir de ese momento todo fue un mal viaje. Yo grité de vuelta que no era yo, que era el wey de encima pero para ese momento mi vecino ya se había escondido o tal vez ya se había salido del departamento, aprovechando la confusión. Yo también me metí a mi departamento pero en eso sentí como la marihuana empezaba a filtrarse en mi torrente sanguíneo. Juro que nunca me había arrepentido tanto de haber fumado marihuana. Como mi dealer había previsto, esa hierba no era algo de este mundo, era prácticamente asesina. Mis pasos se volvieron lentos y mi cabeza se aceleró a un paso al que yo no podía alcanzarla. Las ideas que me pasaban iban desde el simple no pasa nada hasta el toma un autobús y lárgate a la chingada. Sinceramente hubiera hecho la segunda opción fácilmente pero las circunstancias hacían imposible que me moviera más que unos cuantos metros. Me sentía invadido dentro de mi cuerpo y despojado de mi alma. Tomé asiento. Me repetía que estuviera tranquilo y que respirara profundamente, pero el hecho de tener que hacer eso me hacía temer más las consecuencias. No puedo asegurar cuánto tiempo pasó hasta que escuché la primera patrulla. Pero ese día parecía que no había nada mejor que hacer porque al momento ya había siete patrullas afuera de mi departamento con la torreta prendida y haciendo el mayor escándalo que se pudiera.
Empecé a escuchar parejas de pies subiendo rápidamente por el edificio, demasiado rápido para mis movimientos. Justo en el momento que tocaron a mi puerta yo alcanzaba el interruptor para apagar la luz de la sala, movimiento que tomaron los policías como culpable y entonces decidieron tirar mi puerta. Empezaron a golpearla intensamente, y yo sólo podía pensar que estaba a punto de orinarme del miedo. Es difícil describir las circunstancias. Mis manos sudaban frio, mi estómago daba piruetas cada que los policías asestaban otro golpe y en general estaba que me cargaba la chingada. Pero como toda buena anécdota esta tiene su giro de comedia. Los policías derribaron mi puerta y me encontraron a mí en pijama, con los ojos completamente rojos y moviéndome torpemente. Me pidieron que me identificara y les dije mi nombre, después me preguntaron que si yo había sido quién había tirado a la mujer del balcón. Yo les dije No oficiales, fue el vecino de arriba yo sólo estaba aquí viendo la tele cuando la tiró por la ventana. Y así de la nada el oficial se incorporó y se rascó la cabeza. Se sentía terriblemente avergonzado, me pidió disculpas por derribar la puerta y se dio media vuelta gritándole a los otros policías que subieran al siguiente piso. Qué pinche suerte. Qué pinche y jodida suerte tienes, me dije. Con la aceleración de ideas y eso que te decía que me estaba pasando yo me sentía obteniendo una medalla con Chewbaca gritando al final, una medalla de alguien que se salvó de la tira siendo sincero. Yo estaba a punto de celebrar cuando uno de ellos dijo ¿Y ese olor qué onda?
Me da un poco de pena explicar los detalles después de esa pregunta, pero como sabrás la cosa no terminó nada bien. Catearon mi casa y encontraron medio kilo de marihuana y una pequeña planta en mi baño. Me dijeron que si sacaba la mordida podía pasar esto desapercibido pero yo les contesté que no tenía dinero, sólo libros. Sí, libros es lo único que poseo en esta vida. No tengo la menor duda de que si no me gustaran los libros sería un chavito fresa despreocupado por la vida. El dinero que obtengo podría fácilmente sacarme a pasear al menos unas dos veces por semana, pero en cambio tomo ese dinero y lo invierto en ser un huraño. En vez de salir a cenar o verme con alguien en el cine los viernes por la noche me voy a comprar un libro de un autor que nadie conoce y con el que nadie podré platicar. En vez de retacar mi refrigerador de ricos comestibles me compro novelas que ingiero en pocos días como si fuera mi verdadero alimento. En fin. Ellos lo tomaron como si me estuviera burlando de ellos y me mandaron directo a la penal por posesión de marihuana. Ahora, como sabrás, no llevo mucho tiempo en este lugar pero lo estoy empezando a asimilar.
Y entonces te vas a preguntar que por qué te mando esta carta yo a ti. Vas a decir este wey necesita dinero o como sabe que mi madre es política va a querer que le haga algún favor pero nada de eso. Déjame decirte que nada de eso. Estoy en una celda con un camastro, un baño y una vista preciosa mejor que la de mi balcón (de las pocas ventanas que ven más allá de las paredes de la prisión, mi ventana alcanza a ver algunos ranchos y establos que están cerca de la propiedad del instituto y todas las mañanas veo a los gallos correteando gallinas para poder pisarlas y por las tardes los caballos se echan un corrida en el campo. Lo hacen con gracia y cadencia, como si estuvieran jugando unos niños en el traspatio). Antes, cuando estaba en mi departamento, me sentía un poco mal porque no hacía más que quedarme acostado en la cama todo el día y sólo esperaba la noche para echarme un toque y dormir como bebé hasta el día siguiente. Lo que me hacía sentir mal era que estaba gastando mi juventud, toda mi bella y gloriosa juventud (creo que me pasé de lanza con eso, pero estoy escribiendo desde una máquina de escribir y da más trabajo borrar eso que seguir escribiendo) y yo instalado en el borde de mi cama no haciendo más que leer libros y dormir. Bueno, pues con lo que me vine a topar en este lugar es que puedo hacer exactamente lo mismo sin problema alguno. Los libros son gratuitos y llegan con la carretilla cada tercer día. Hay al menos unos mil volúmenes que me mantendrán entretenido por largo rato. Ahora en vez de estar en mi cama estoy en un camastro, pero la diferencia no es grande. Como dos veces por día como lo hacía allá fuera y a veces cuando me pongo caliente sólo es cosa de que baje a las regaderas y tire un jabón para que a los veinte minutos esté fresco y descansado nuevamente(ahora este parecería un buen momento para defender mi masculinidad, pero la verdad es que no importa. Aquí es igual si eres homosexual ó heterosexual, porque de todas maneras te van a coger, así que lo mejor es aprovecharlo). Lo que más me gusta es que en este lugar luego hacemos pláticas sobre los libros y tenemos discusiones de mayor calidad que en cualquier taller o academia que haya asistido (y más te vale que no opines pendejadas sobre los libros, porque puede que te caiga un navajazo en medio de la noche si ofendes a Nabokov o algo por el estilo).
Odiaría cumplir treinta. No es algo tan lejano y por eso lo digo. Pienso que los treinta es la edad divisoria, de donde se empieza a alejar de la matriz y estar más cerca de la tumba. Ya para los treinta todo es de bajada, como una calle que bajas en avalancha. Preferiría morir aquí defendiendo las posturas de Sartre ante un sicario católico que seguir viviendo allá fuera. Te escribo esta carta a ti y no a cualquier otro porque sé que tú vas a entender lo suficiente para que si algún día saliera de aquí podré contar contigo para lo que vaya a necesitar. Sé que nunca me conociste y que lo único que nos liga es que tenemos el mismo padre, pero algo me dice que mi hermana (no sé si te moleste que te diga hermana) estará ahí para cuando yo salga de aquí. En fin, ¿En qué estaba? Ah si. No le digas a nadie sobre esto, que la familia se entere en navidad sería lo más preciso para darme algo de tiempo en paz junto con mis libros. Ahora de lo que me preocupo es de que dejen salir esta carta sin que el carcelero o cualquier otro estúpido se le ocurra leerla ó rezongar por su tamaño (hay que admitirlo, para ser una carta está bastante larga). ¡Oh! Casi se me olvida, digo, sé que eres menor que yo y todo eso, pero si algún día tienes ganas de leer un buen libro o fumar buena mota ve a mi departamento en el momento que sientas adecuado. No te preocupes por cómo entrar, de seguro la puerta estará sobrepuesta, como a punto de caerse.

sábado 10 de octubre de 2009

De cuando desperté y me di cuenta que eras enorme.

Su dedo de pie, el más grande y gordo, se entrelaza con el mío en el final de la cama. Hace frío, apenas entramos a Noviembre.
El alcohol se transforma en un taladro dentro de mi cabeza por la mañana
Siento que puedo desmayarme del dolor cuando estoy sentado en el retrete. Tomo el papel de baño y me paro para limpiarme.
Los siguientes títulos me punzaron en lo que regresaba a tu cuarto
-Mis huesos crujen pero no deberían, porque sigo siendo joven.
-Algo de malo tendría acostarse con alguien que es dos veces más ancha que yo.
-Tu coño fue una cueva que habité por desesperación y engaño.

(¿Acabo de escribir coño? Tantos pinches libros de Anagrama están desmoronando mi castellano íntegro, joder.)
Entré a ciegas por entre tus labios y salí de ahí asqueado, mientras me besabas el hombro.
Esa misma mañana te llevé de la mano a la farmacia
a comprarte unas Postday y obligarte a tomártelas
y después de todo mi desprecio, te fuiste a tu casa y me escribiste una larga y hermosa carta de amor
que mantengo escondida entre mis archivos de Word
esperando que algún día me cause tristeza leerla.

He pasado de lo ilegal a lo inmoral en un solo día.
¿Quieres que te prometa que no te usé? No puedo.
Prefiero prometerte que no te volveré a usar, ni ahora ni nunca.
Acostarme contigo fue mi tributo a Bukowski
pero si alguna vez me preguntan por ti
yo te negaré
si apareces por la calle y te acercas sonriendo
yo te negaré
si hablas a mi casa y preguntas por mi nombre
yo te negaré
yo te negaré
te negaré
y te volveré a negar.

jueves 8 de octubre de 2009

Presiona start. (Coque y Maximiliano)

Personajes: Maximiliano, vestido con un pantalón de mezclilla y sin camisa.
Coque, el hermano menor de Maximiliano, con una camisa ferrioni y pantalones cortos.
Primer acto
Primera escena

Escenario: Cuarto de Maximiliano, con posters de modelos pegados en la pared. Maximiliano está acostado en un sofá enfrente de la televisión mientras juega Bomberman64.

(Coque se acerca a Maximiliano mientras juega nintendo64, se acerca por detrás del sofá y después lo saluda gritándole en la oreja)
COQUE: ¡HOLA!
MAXIMILIANO: ¡AH! Coque, espérate, es que ando crudo.
COQUE: ¿Qué es crudo?
MAXIMILIANO: Es cuando te duele la cabeza por tomar cerveza.
COQUE: ¿Cómo cuando te sale un chipote?
MAXIMILIANO: No eso es diferente, te duele adentro, donde no te puedes sobar, es como… ¿te acuerdas esa película que vimos el jueves en la noche?
COQUE: ¿La que pasó después del partido contra los gringos?
MAXIMILIANO: Esa mero, ¿te acuerdas como se llama?
COQUE: Ah si, El efecto mariposa.
MAXIMILIANO: Pues la cruda es algo así
COQUE: ¿Cómo lo que pasa en la película?
MAXIMILIANO: Sí.
COQUE: ¿Osea que te dan ganas de explotar buzones?
MAXIMILIANO: Sí, digo no, ósea que la cruda es como cuando se despertaba el personaje con un terrible dolor en la cabeza y de repente se te vienen imágenes a la cabeza sin orden alguno. Y de algunas te acuerdas más o menos y de otras te asustas porque no sabes si fueron verdad.
COQUE: ¿Qué tipo de imágenes?
MAXIMILIANO: Pues son instantes como fotos polaroids que toma tu cerebro mientras estabas extasiado e inconsciente.
COQUE: ¿Salgo yo en ellas?
MAXIMILIANO: No.
COQUE: ¿Y si salgo pero no te acuerdas?
MAXIMILIANO: Puede ser, pero lo dudo mucho.
COQUE: Creo que ya sé porque no salgo.
MAXIMILIANO: ¿Por qué?
COQUE: Por que, bueno, el otro día vi un documental de que los adultos casi no sueñan con niños.
MAXIMILIANO: ¿Ah si? ¿Dónde lo estaban pasando?
COQUE: Lo estaba viendo María.
MAXIMILIANO: ¿La que viene a planchar los miércoles?
COQUE: Ella, pero es que si estamos en la casa nada más ve telenovelas
MAXIMILIANO: Ajá.
COQUE: Pero si se queda sola se pone a ver los canales de cable.
MAXIMILIANO: Ya veo.
COQUE: Creo que ella cree que le vamos a cobrar si ve esos canales.
MAXIMILIANO: Pues puede, ya ves que se apena de todo.
COQUE: Bueno, el documental decía que los adultos casi no sueñan con niños y que es porque ya no quieren ser niños y porque no les gusta a los adultos que la demás gente piense que son niños.
MAXIMILIANO: ¿Es eso verdad?
COQUE: Sí, entonces, lo que yo creo es que yo no salgo en tus sueños porque ya no quieres ser un niño.
MAXIMILIANO: Podría ser.
COQUE: ¿Te caen mal los niños?
MAXIMILIANO: Podría ser.
COQUE: ¿Te caigo mal yo?
MAXIMILIANO: ¿Tú? No, eres buena onda.
COQUE: ¿Y te caerías mal si te vieras a ti mismo de niño?
MAXIMILIANO: Probablemente, porque cuando era niño hacía muchas cosas estúpidas de las que ahorita me arrepiento.
COQUE: ¿y te sientes mal?
MAXIMILIANO: No sé, tampoco es como si pudiera ir al pasado a corregir lo que hice.
COQUE: ¿Cómo pasó en la película?
MAXIMILIANO: Exacto, en realidad, ahora que lo pienso, creo que El efecto mariposa no es tan buena película como parece.

martes 6 de octubre de 2009

Presiona start. (Julián y Jaime)

Personajes: Julián, vestido de traje y con el cabello largo hasta sus hombros
Jaime, con ropa holgada y descalzo.
Primer acto
primera escena

Escena: Sala del departamento compartido de Julián y Jaime. Jaime está jugando Ninety nine nights en XBOX360. Julián abre la puerta y llega a su lado, mientras lo ve jugar.

JULIÁN: Qué onda wey.
JAIME: Qué onda, como andas.
JULIÁN: (quitándose la corbata) Pues puteadón, vengo del trabajo y hubo un buen de papeles.
JAIME: ¿no te ayudo tu secretaria?
JULIÁN: No wey, se acaba de aliviar de su niño.
JAIME: Ah es cierto.
JULIÁN: Si, todavía le queda un mes de vacaciones.
JAIME: Puta, qué mal pedo.
JULIÁN: Qué mal pedo de verdad. Bueno… ¿tú que hiciste?
JAIME: ¿Yo? Me cogí a todas tus exnovias.
JULIÁN: (dudoso) ¿A mis exnovias?
JAIME: Sí.
JULIÁN: ¿A todas?
JAIME: Sí.
JULIÁN: ¿Dónde?
JAIME: Pues encontré tu agenda telefónica y les marqué a todas y las invité a la casa.
JULIÁN: ¿Y vinieron?
JAIME: Obvio wey.
JULIÁN: ¿A Pamela te la cogiste?
JAIME: ¿Es la de los ojos café clarito?
JULIÁN: No, los de ella son negros.
JAIME: Ah, entonces no.
JULIÁN: Qué bueno.
JAIME: Espera, ¿es la que tiene el Le baron blanco?
JULIÁN: ¡Si!
JAIME: ¡Ah! Entonces si me la cogí.
JULIÁN: Pero Pamela todavía me dice que me ama.
JAIME: A mí también me dijo lo mismo.
JULIÁN: ¿Te dijo que te amaba?
JAIME: No, me dijo que a ti todavía te amaba.
JULIÁN: Menos mal, espera, ¿Qué tal Elena?
JAIME: Uuuhh brother, ELENA, esas son palabras mayores
JULIÁN: ¿Te la cogiste?
JAIME: Como consejo deberías de regresar con ella, se ve que es muy atenta.
JULIÁN: Me estás dando mierda. Elena está en la universidad.
JAIME: Ah si, dice que le va muy bien, pero se regresó por su tía, que se enfermó.
JULIÁN: La tía Chayo.
JAIME: Ella, ¿tú también la conoces?
JULIÁN: Un pan de Dios, le daba galletas a Elena para que me las trajera.
JAIME: No hay nada como galletas caseras.
JULIÁN: Ya sé, cuando todavía se esponjan y no están todas duras.
JAIME: Me lastimo el paladar cada que eso pasa.
JULIÁN: ¿Oye y no te dijeron nada?
JAIME: ¿De qué?
JULIÁN: Si iban a regresar o algo así.
JAIME: Ah si, en realidad creo que al rato llega
JULIÁN: ¿Para verme?
JAIME: No, para vernos, me dijo que en la noche iba a traer unas cosas de su casa y que te hiciera quedarte.
(tocan a la puerta)
JULIÁN: ¿No tocan a la puerta?
JAIME: Creo que si, ¿podrías ir a abrir?
JULIÁN: Claro ¿y te digo una cosa? Elena también hace unas galletas de poca madre.